“EL VIAJE DE KALILU“ PRÓLOGO de Joan Manuel Cabezas Doctor en Antropología Social
El libro que tienen en sus manos constituye una narración etnográfica en estado puro: Kalilu Jammeh explica las vicisitudes que soportó durante su periplo de 16.000 kilómetros por tierras africanas, y lo hace con una técnica descriptiva de un naturalismo descarnado. Kalilu nos pone ante los hechos tal y como los ha experimentado, de forma directa. Nos transmite lo que ha pasado, de manera gráfica y contundente. El autor es tan visualmente abrumador en sus descripciones que no hace falta que use demasiados adjetivos para apoyar su relato: a lo largo de la lectura cabalgamos a su lado contemplando el horror más profundo, la desesperación más inefable y las más abrumadoras de las atrocidades. Nos hace sentir compañeros de viaje, literalmente nos transporta con él al infierno, y su lúcida e impresionante descripción hará que devoremos las páginas con una rapidez proporcional al abismo humano en el que nos introduce el autor en primerísima persona, desde la proximidad más absoluta. Él estaba allí, y nos lega su testimonio.
Kalilu Jammeh es parco en adjetivos y es por ello que nos ofrece una imagen nítida, diáfana, sin opacidades ni rugosidades. Debo de reconocer que tanto durante la lectura de su libro como durante la escritura de este prólogo, encontrar adjetivos apropiados para catalogar lo que el autor nos presenta ante los ojos es una tarea tantálica, por no decir imposible. Cualquier adjetivo que se escoja se presenta como abruptamente seco y estéril a la hora de poder calificar este verdadero holocausto invisible, un holocausto que lleva más de veinte años teniendo lugar ante la ceguera (o la indiferencia) de demasiadas personas. El 95 % de las africanas y africanos que emprenden un viaje como el de Kalilu, no consiguen su objetivo y acaban sucumbiendo en un varadero de ilusiones.
El autor ha tenido la valentía de desglosar este relato y regalarnos su impagable testimonio. Miles de personas africanas que, como Kalilu Jammeh, han sobrevivido al sangriento transepto, no han podido hacer frente a los espantosos recuerdos y han preferido la opción mayoritaria, fácilmente comprensible: olvidar o callar, o ambas cosas. Cuando lleguen al final del libro los lectores y lectoras se preguntarán si no hubiésemos hecho lo mismo que la inmensa mayoría de supervivientes de esa masacre oculta, es decir, si no hubiésemos guardado silencio y tratado de sublimar horrendos recuerdos supultándolos para siempre jamás en lo más profundo de nuestra mente. Eso otorga todavía más valor al ejercicio de rememorar y plasmar con precisión casi cinematográfica unos hechos de tamaña monstruosidad.
De forma paralela a los hechos ante los cuales se nos invoca, y que espero que consigan hacernos cobrar conciencia de esa matanza cotidiana, diversas temáticas surgen ante nuestros ojos. En primer lugar, las terribles condiciones de vida de muchos lugares de África, por muchos conocidas pero pocas veces experimentadas desde dentro con una ferocidad tan implacable como la que ha sufrido Kalilu y otros tantos miles y miles de personas continuan sufriendo a diario de forma atroz.
En segundo lugar, el autor rasga las cortinas que nos separan del verdadero panorama de brutalidad policial en diversos estados, la impunidad con que actuan las autoridades de las fuerzas del ‘orden’, la corrupción insondable, la mezquindad de personajes que aprovechan la desesperación para hacer negocio, la brutalidad cotidiana con que se emplean personas que llevan años parasitando el tráfico humano hacia Europa y su absoluta falta de empatia con el sufrimiento y con la muerte de lo que contemplan como simple mercancía. La violencia, los asesinatos, la extorsión, las violaciones, los robos, son una constante avivada en esos nidos de predación alimentados por la economía de rapiña que nace alrededor del tráfico de personas y que cuentan con el componente añadido del genocidio perpetrado en algunas acciones de deportación.
Por otra parte, una vertiente a retener y que constituye otro pilar del libro de Kalilu Jammeh, es la de la existencia de la solidaridad y de la fraternidad como constante antropológica, más notable y valorada cuando se da en medio del horror. Los lectores podrán ser testimonio de admirables ejemplos solidarios que harían palidecer cualesquier de los dignos esfuerzos que con dicho cometido se realizan desde nuestras sociedades. Ejemplos de solidaridad entre compañeros de viaje, pero también por parte de lugareños que habitan los espacios por donde transcurre la fuga hacia Europa. Bocanadas de humanidad en medio de un páramo inerte. Soplos de esperanza en plena desesperanza. Tragos de liviana y dulce agua que permiten que los nudos de amargura puedan diluirse transitoriamente. Paréntesis de vida en un paraje marcado por la muerte.
El relato que nos regala el autor también muestra la desesperanza de personas que se quedan ancladas en el camino durante años y años, seguramente para siempre, ni aquí ni allá, ni en casa ni en Europa, a menudo en espacios de donde no pueden salir si no es con la certeza de que la muerte les espera a los pocos días, territorios que devienen una suerte de no-lugares despojados de sentido, callejones sin salida donde se amontonan personas que un día decidieron dejarlo todo y que han hallado una áspera, humillante y vacía nada. Una metáfora que podríamos aplicar a toda la trayectoria que nos relata Kalilu: un inmenso espacio donde se hallan desactivadas las referencias sociales, un enorme limbo donde la condición humana de sus desamparados transeuntes se encuentra en suspenso.
La idea del Dorado, del Paraiso, sito en Occidente, es otra temática que vehicula gran parte del tejido narrativo de este libro, donde también hallamos una explicación sobre el por qué de esta huída hacia el supuesto paraiso: huyen para sobrevivir. Ni más, ni menos. Pero los pocos que consiguen sobrevivir se dan cuenta que el Paraiso no es tal, sino una inmensa patraña, una gran mentira que ha sido ampliamente publicitada desde Occidente para atraer esa mano de obra. Entre la imagen de El Dorado generada desde las sociedades occidentales y esa mano de obra, un largo camino a recorrer que sólo los más fuertes física y mentalmente pueden llegar a atravesar con vida. Este inhumano trayecto actúa como si de una horrorosa selección de personal se tratase, ya que para la inmensa mayoría de los sobrevivientes su futuro laboral en el supuesto ‘Paraiso’ estará relacionado con trabajos y condiciones de existencia donde la fortaleza física y mental son cruciales. Así de real y así de abominable…
Más allá de los temas que acabo de enumerar, otros muchos se vislumbran a lo largo del relato de Kalilu Jammeh, a veces con contundencia, a veces de forma fugaz pero no menos signficativa: la capacidad de resistencia del ser humano, la importancia de la constancia y de la perseverancia en todo momento y situación, la asimilación de la muerte como una compañera de viaje presta a arrebatarte tu soplo de vida, la capacidad de huir de la animalidad a la que nos conduce irremediablemente la desesperación, la angustia extrema y el hambre, y la enorme virtud de retener el sentido de humanidad a través de la risa, la cual surge incluso en los momentos más dramáticos y trágicos, cuando estalla cualquier brizna de esperanza y a Kalilu no le quedan más lágrimas con que llorar, pero mantiene la compostura incluso en las situaciones más difíciles e inhumanas. El autor llega a extasiarse contemplando un amanecer o un bello paisaje, y eso a pesar de estar inmerso en una situación desesperada y de no saber si sus días acabarán durante las siguientes horas, ya que se halla atrapado en un viaje que recuerda a un inmenso campo de concentración, o de exterminio, en continuo pero lento movimiento…
Por último, y antes de dejar que los lectores y lectoras se sumerjan en este libro, apuntaré que su autor, Kalilu Jammeh, ha sufrido una larguísima odisea a través de una ruta dibujada por un engranaje consolidado desde hace más de veinte años, un engranaje que forma parte de un vasto mecanismo que se nutre de la desesperación y del estado de necesidad de miles y miles de personas, por un lado, y de las necesidades de la economía Occidental, por otra. Dicho mecanismo adopta la forma de un sistema configurado por enormes redes de intereses, exclusiones y jerarquías de dimensión mundial, y enclaustra a gran parte de la humanidad en las mazmorras de la miseria, la explotación y la dependencia.
El estremecedor relato que nos brinda Kalilu debería contribuir a que empaticemos con el monstruoso sufrimiento de esas personas y, así, podamos baremar el alcance de la barbarie cotidiana que implica continuar con dicha situación. Las personas africanas que viven en su continente han de tener acceso a este libro para conocer de primera mano la gran farsa de ‘El Dorado’ europeo y el pasadizo hacia la muerte que implica en muchos casos. Ese es uno de los grandes objetivos perseguidos por Kalilu a la hora de decidir explicar lo que sucedió durante la travesía. Pero considero que también debería ser éste un libro de lectura recomendada para los europeos y europeas porque, más allá de denunciar la actitud de individuos sin alma que se aprovechan de esta sangría continua, sería oportuno poner nuestro grano de arena en la transformación del sistema de cosas que permite y bendice esa sangría, y que es heredero directo de la trata esclavista y del colonialismo. Y aunque los lectores y lectoras quizá no tengamos culpa alguna de ello en tanto que alejados de los dispositivos del poder, permanecer impasibles sólo significará contribuir a que esa barbarie continue. En ese caso, respirar nos haría complices. Tal como suena…



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